LATINA WOMANIFESTO
- Angeles

- Mar 30
- 11 min read
Updated: Apr 1

María Soledad Morales Marita Verón Diana Sacayán Lucía Pérez Micaela García Rocío Magalí Vera
Presentes
Harta de violencia, y más harta aun de la impunidad de la violencia. Harta de fuerzas de seguridad
que, en vez de proteger, atacan. Y de Justicias que juzgan a víctimas y liberan victimarios.
Harta de que se apropien de nuestros cuerpos en general y nuestro sistema reproductivo en
particular. Harta del adoctrinamiento para la docilidad y el vasallaje. Harta de religiones que nos
someten.
Revisemos nuestros hábitos, preguntemos a mujeres no escuchadas: las trabajadoras InDomésticas,
las sobrevivientes de trata y prostitución sin acceso mediático.
Busquemos a las mujeres disciplinadas para el silencio que se reb(v)elan, busquemos fuera de
medios e influenciadores masivos, a las que se les responde con silencio, o se les dan respuestas
patronizantes, que les cierran acceso a los espacios que definen diagnósticos, fallos (legales),
políticas o ausencia de políticas que para ellas, más que para nadie, son de vida o muerte.
Las mujeres hemos estado negociando con la amenaza, explícita y tácita, por siglos.
Genera una locura que no se cura solamente con terapéutica. La sanación social está en nuestra liberación, que incluye terapia pero sobre todo justicia, el derecho a estar en paz en nuestras casas y en nuestros
barrios, el derecho a no temer cotidianamente por la vida o los cuerpos queridos o empatizados y
por el propio.
La injusticia y el silenciamiento enloquecen.
Escuchemos a las mujeres que gritan.
Porque son las que pudieron doblarle el brazo al adoctrinamiento.
Quieren - queremos - espacio, hágannos lugar, el lugar que nuestros cuerpos y nuestras palabras
merecemos y necesitamos ocupar en el mundo, no más, no menos.
Hagan lugar, que acá estamos.
Véannos.
Oigannos.
La MIsoginia es Miedo.
Dejen de temernos.
Quiérannos, y a nuestras crías.
El patriarcado es letal.
Porque se recuesta en nosotrxs de rodillas
#SeVaACaer si muchxs más nos levantamos.
Libertad para lxs que vienen detrás.
ENSAYO
15/7/2020
Este texto se rebela contra el tratamiento institucional de la violencia sexual contra mujeres y niñas.
El trato a esta violencia viene marcado por otros des-tratos que son parte del con-trato que, sin
palabras, aprendemos a respetar como resultado de nuestra crianza, experiencias diarias y
construcción de identidad.
No elegí este tema, me eligió a mí. Entre 2017 y 2019 hice un proyecto activista para crear
economía circular entre mujeres feministas que no vivimos de serlo, y trabajamos en espacios que
contradicen nuestros valores. Ese activismo me confrontó con una inesperada
cantidad de información sobre violencia, narrativas de espacios de poder y con conversaciones que
está prohibido tener.
Este texto se escribe desde el rechazo a los aparatos de justicia y seguridad clasistas, racistas y
misóginos, a la tradición de la cárcel como explotación laboral en ciertos países, y en general como
encierro de varones y mujeres pobres - donde la mayoría de las mujeres ingresa por delitos
considerados menores - al menos en el caso británico.
Este texto intenta desentrañar con qué se relacionan esas fotos de mujeres torturadas, desaparecidas,
asesinadas, que siguen mostrando quienes no las olvidan (mujeres generalmente), y circulan en una galería de cuentas pendientes, que frustra ver porque porque parece no haber respuesta a esos pedidos de Justicia.
Y, por otro lado, justo en Argentina hay una esperanza: otras mujeres llevaron fotos por décadas, las
Madres y Abuelas, lograron primero el apoyo de la opinión pública y la voluntad política del estado
y luego, que Argentina sentara jurisprudencia internacional con los juicios por las violaciones de
derechos humanos.
Así que es posible que mostrar estas imágenes, otra vez, con distintos mensajes, desde el artivismo
y campañas de apoyo, contribuya a las conversaciones que necesitamos tener para volver a
lograr lo que hoy no parece posible.
Cuando este texto habla de violaciones físicas, define el gesto como sexual y mucho más: es privación
de la libertad, es tortura, es arma de guerra, es ataque al cuerpo individual pero también al colectivo,
a la familia-comunidad de ese cuerpo, es disciplinamiento, es terrorismo. Vale la pena recordar las
desapariciones temporarias de nenas de una escuela primaria de la villa 11-14, un ejemplo de terrorismo-comunitario a través de la tortura de niñas y sus madres, a manos de los dueños de la zona, la mafia
y la policía.
Para definir el camino, este texto se pregunta:
¿De qué hablamos cuando hablamos de Justicia?
¿De condena? ¿Del opuesto encierro-libertad, tanto para quien ataca un cuerpo como para
quien queda marcada por ese ataque?
¿Se pueden resolver conflictos entre prioridades de vulnerabilidades?
¿Hay un diálogo entre castigos y disciplinamientos sociales en los que unos tienen el foco y el cuestionamiento, y otros están en sombra o son invisibles, según quiénes lo aplican a quiénes, en qué espacios?
Considerando que el poder está, en distinta medida, en todxs lxs actorxs sociales, este texto se
pregunta sobre la idea de autodefensa, no con la acepción mediática de lo que se describe como
justicia por mano propia, asociado a la defensa de la propiedad privada, sino desde una
recuperación de mujeres y niñas del derecho al propio cuerpo, que es a la propia psiquis,
atacados para derrotarnos, como territorios invadidos, y si no es otra forma de disciplinamiento y
de castigo el educar para la no-autodefensa a cierto sector de la población. (1)
Por un lado, tenemos el caso de Eva Higui: el contexto de años de hostigamiento, la práctica
histórica de la violación disciplinadora como fenómeno social (contra lesbianas, extranjeras, locas,
putas, siempre hay una excusa) y en el contexto de la historia que ella, y el barrio, tenían con sus
atacantes.
Pensemos en Higui y en el sobreseimiento de quienes atacaron a Lucía Pérez, por todos
los delitos de tortura hasta matarla. Y prepáremonos, este Agosto, para apoyar a Eva Higui durante
su juicio, porque del mismo modo que un empalamiento dejado impune genera un escalofrío
colectivo a todas las que saben que pueden ser la próxima, el trato que el aparato de Justicia dé a
Eva Higui también es el trato que da a lo colectivo: sus propios colectivos como lesbiana, como
sobreviviente de abuso sexual infantil, y como parte de todxs lxs que estamos de pie y queremos
salirnos del rol social de víctima crónica.
Por otro lado, vemos a las mujeres de Rojava, que se organizan para pelear porque ser esclavas
sexuales de yijadistas simplemente no es una opción para ellas. Cuando se vuelven combatientes
indómitas y efectivas contra ISIS (y la Turquía opresora), en un proceso de defensa de sí mismas, se
vuelven ejemplo. La diferencia entre el derecho de estas mujeres a defenderse y el de Eva Higui es
que unas están en guerra y otras en paz? Por épocas, mataban a 1 nena o mujer cada 18 horas. Por
años vienen secuestrando, torturando y matando a este colectivo de mujeres y niñas. Paz? Milagro Sala también lideró mecanismos colectivos de defensa desde un feminismo originario, que
confrontaba a los violentos de su comunidad y más aun a los poderosos feudales de la provincia. Su
resultado: 4 años y medio de cárcel en condiciones para quebrarla física y psíquicamente.
Las mujeres y niñas sufren entre el 90 y el 97% de las agresiones sexuales, según la fuente que lo
mide y el país que se estudia. En Inglaterra, mientras el porcentaje habitual de condena para los
demás delitos es del 8%, para los sexuales es del 1,7%.
Si a eso se agrega que la violación es un delito vergonzante (en tanto se juzga a la víctima antes que al agresor) y, como tal, sólo el 25% de las víctimas lo reporta, la brecha entre porcentajes de condena es infinitamente mayor, confirmando que los delitos contra la propiedad son más castigados que aquéllos contra los cuerpos de mujeres, menores e identidades femeninas. (2)
Propongo que mujeres y niñas no reproducen en otros la violencia que sufren, sino que la
internalizan y la reproducen contra sí mismas, y contra sus crías como esfera del sí mismas, en
gestos, no de desahogo, sino de descabellada estrategia de autodefensa, como resultado de esa
alienación que causa el ser dañadas y no tener canales de reconocimiento en tanto visibilidad,
reaseguro y consuelo.
Propongo estos tres puntos, visibilidad, reaseguro y consuelo, como las claves de la recuperación, si no total, parcial, de los ataques contra el cuerpo (y su psiquis), y que no están disponibles, como método, para mujeres y niñas.
Con reaseguro me refiero a la posibilidad del volver a sentirse seguras después de un ataque. La condena suele ser un mecanismo para garantizar que el agresor no está cerca, para distanciar el peligro en tiempo y en
espacio, dar un período de tregua a la víctima, porque la experiencia habitual de saber que los
atacantes siguen teniendo acceso a ellas - u otras - sostiene el stress post-traumático y el miedo a
salir. Si el agresor está libre, ellas, si sobreviven, se encierran, se esconden, viviendo la experiencia de
castigo-prisión como único recurso percibido de evitar más agresión.
Traigo dos ejemplos en el Reino Unido, de descabellados intentos de protección cuando las mujeres han perdido o nunca han desarrollado la capacidad de percibir otras estrategias posibles - o lo que elijo llamar autodefensa: las madres que llevan a sus hijas a que les mutilen los genitales, como estrategia para que su comunidad no destituya a las hijas; y las madres que planchan o aplastan con peso caliente el pecho de sus hijas púberes, quemándolas, para postergar el crecimiento de sus senos, porque saben (traen como experiencia de sus lugares de origen) que la vista de los botones mamarios de sus hijas las vuelve blanco de agresión sexual.
Esto es lo único que sus culturas (nuestras también, de otros modos) les permiten discernir como
defensa. Una vez más, insisto en que el lector intente rechazar la interpretación - posible - de la fe de estas
mujeres adultas en los valores patriarcales (o de Síndrome de Estocolmo aplicado a las tradiciones),
sino que elija interpretar conmigo estas decisiones como resultado de un desasosiego crónico,
pasado de generación en generación, que lleva a una locura aceptada y hasta estimulada
socialmente: la del autodaño y la sumisión, la del traspaso del ritual y el rechazo a la autodefensa
cuando implicaría agredir a un varón.
Esta idea de autodaño como versión desfigurada de algún impulso de autodefensa en mujeres y
niñas, puede servir para otras circunstancias y rituales más cercanos, y por eso más difíciles de
distinguir. El autodaño atraviesa a las mujeres, como la represión de la autodefensa física-psíquica:
es tabú proponer que peleemos físicamente, que nos armemos, sólo los varones tienen permiso
cultural para pelear, e incluso cierta presión para hacerlo en los modelos de masculinidades más
rígidas.
Cuando está el deseo de la protección, el único canal permitido para mujeres y niñas es el pedido de
ayuda, a la policía y al sistema judicial. Y cuando esto falla, el reclamo. Dos operaciones a
posteriori y desde la inferioridad de condiciones: no hay consecuencias negativas para nadie más
que la víctima si no se la reconoce, en el sentido de que no se la protege antes, y, con suerte, se la consuela
después.
El consuelo requiere un retorno a un espacio emocional seguro, donde la expectativa de no
repetición del daño permite el proceso de recuperación. A los armados - con armas de fuego y con
certificaciones académicas de tipo legal, a la que acceden unos sectores sociales específicos - les
corresponde dirimir nuestros conflictos, una vez agredidas y, a nosotras, atravesar el trauma con fe
en el sistema y aceptación de la (in)justicia.(2)
Mientras nos pueden espantar los ejemplos de las madres que mutilan y queman, en Argentina nos
rodean imágenes y productos culturales que ponen a feminidades de todas las edades en un lugar de
objeto y de servicio (y, como tales, de descarte, pero eso es un tema para otro texto): esto es
comunicación y es cultura, se ve y hasta se respira, se reproduce mucho más de lo que se la
cuestiona. La hipersexualización de lo femenino en Argentina no es libertad, es mandato. Las disputas por la
igualdad en otros espacios (como el de la Justicia) están arrinconadas por los puntos de rating de
productos que educan sobre lo que vale, cuáles son las reglas del juego. Ser hipersexual, como ser
heterosexual, son solo opciones entre varias. Sin embargo, sectores que están en desacuerdo en muchos aspectos confluyen en la valoración de una sexualidad expuesta que genera ganancias de todo tipo en la esfera pública y de servicios privados. (3)
La Ley y la Justicia representan la última frontera, donde los hábitos y los comportamientos se
ponen a prueba y se separa lo aceptable de lo inaceptable. La comunicación-cultura-s es la primera
frontera, tan o más potente que la casa como espacio para dirimir qué es aceptable, qué es festejado
y qué no. Madres y padres son una voz más entre youtubers, memes, influenciadores, tiktok, snapchat, redes sociales viejas y nuevas, TVabierta y TVcolonial vía Amazon, HBO, Netflix y Flow.
En este contexto, ¿de qué hablamos cuando reclamamos justicia por un femicidio o una agresión
sexual?
Primero, hablamos del reconocimiento de la impunidad:
1. de quien ataca sabiendo que las chances de consecuencias son estadísticamente ínfimas (del mismo modo que sucede con ladrones de clase alta, por sus robos a individuos como a la propiedad de la
colectividad de un país);
2. de quien juzga para perpetuar la jerarquía social;
3. de quien gobierna sin cambiar esa red de abuso.
Segundo, hablamos de que la violación se reconozca como una forma devastadora de tortura y no prescriba, que se la considere otro delito que vulnera los derechos humanos.
Este texto reclama una educación para nuevas masculinidades y nuevas feminidades, que incluyan y
revisen el aprendizaje para la autodefensa, no con la idea del cuerpo como propiedad privada, sino como límite, esencia personal, con la tradición de artes marciales que enseñan a evitar la violencia pero empoderan para la defensa. Es un llamado a niñas y mujeres a recuperar nuestra capacidad de ser temibles y temerarias, y a hacer campaña para no ser sacrificadas por atrevernos, por desafiar el mandato de existir sólo en el rol de
vulnerable.
Cuestionemos el entrenamiento a niñas y mujeres para la confianza obligatoria y la priorización de la palabra de otros (adultos, varones, autoridades, etc) cuando contradice lo que pensamos-sentimos, en lo que refiere a nuestro propios cuerpos, como espacios de nuestra individualidad, esencia y humanidad.
NOTAS
(1) Según un informe de la ONU de 2009, durante su vida, 1 de cada 5 mujeres es víctima de
violación o intento.
(2) En 2018 hubo ciertos casos emblemáticos en Irlanda, Reino Unido y España. En Irlanda la
Justicia protegió a un grupo de rugbiers, y la opinión pública descubrió una oscura ley irlandesa por
la que un violador, si ¨sinceramente¨ (sic) no creyó estar violando, no es violación. La lógica de
observar ese delito desde el punto de vista del violador se repitió cuando el senador Urtubey, en el
debate por la legalización del aborto en el mismo 2018, describió como carente de violencia una
violación cuando la víctima no es lo suficientemente fuerte para resistir. Fue la misma lógica que
expresó un juez español en el juicio a ¨la manada¨ española por la violación de una chica vasca,
también en 2018, al expresar que en los videos ella no resistía lo suficiente (cinco hombres, uno,
policía, la atacaron al final de una fiesta regional que implica alto consumo de alcohol y por ende
una gran merma de reflejos y coordinación). En Julio de 2019 la violación grupal a una chica
inglesa en un centro turístico de Chipre por 12 israelíes de entre 15 y 25 años provocó que ella fuera
interrogada sin abogado por 8 horas seguidas, obligada a firmar una confesión de falsa acusación y
luego detenida por el delito de falsa denuncia, y sus atacantes fueran liberados inmediatamente para
volver rápidamente a Israel. Fue necesaria una defensa internacional de la acusación legal contra
ella, para lograr sacarla de la cárcel primero y de Chipre después, algo que recién se logró en Enero
2020.
(3) Para decir esto me baso en el trabajo de la jurista escocesa de familia obrera Helena Kennedy,
que, además de abrir los primeros servicios de abogadxs procuradores mujeres y minorías étnicas,
estudió hace 30 años cómo trataba la justicia a la mujer (con Eve was framed) y nuevamente hace
tres años (con Eve was shamed). La investigación de Caroline Criado Perez, publicada en Invisible
Women, también aporta estadísticas sobre la invisibilidad de la mujer que dan contexto cultural a
este tema.
Angeles




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